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Los Nombres Falsos 2

Parte de la restauración de todas las cosas, es que nuestra forma de dirigirnos al Todopoderoso ya sea en el Nombre o en los atributos, sea de manera kadosh, no adulterada con términos comunes y corrientes.
Uno de los títulos, por decirlo así, es El Señor, tomando como exscusa que viene de Adón o Adonai, dicho en diferentes países según su idioma como Senhor en Portugués, Seigneur en Francés, Signore en Italiano, Lord en Inglés, Herr en Alemán, Heere en Holandés, Dominus en Latín, y Kúrios en Griego. Aunque la palabra española “Señor” es de las más nuevas, se inició con las primeras traducciones castellanas basadas en la Vulgata Latina, hablamos de los finales de la Edad Media; además, es de las que más ha variado en sintáxis, es decir: no conservó similitud (sí tiene por ejemplo, Zeus: con Theo, con Teo, con Deus, con Dios); en sí, es la primera blasfemia en toda la historia. Parte de la Toráh y todo el canon histórico de Las Escrituras, incluyendo los “Deuterocanónicos” y todo el canon de Profetas, está asquerosa y barbaramente lleno de las vergonzosas prácticas idolátricas, primero de los Cananitas y posteriormente del mismo Pueblo elegido, los Israelitas de la época de los reyes postdavídicos, en torno al culto a Baal, hoy rendido globalmente como Baal. Esta deidad que fué al principio sólo entre los pueblos Cananeos, logró contaminar al pueblo. Se inicia entonces su uso en Israel, a partir de aproximadamente el 980 AM. (Antes de Mashíaj). Por fonología hebraica, la palabra significa “dueño” o “cabeza de familia” y como tal, cuando era palabra limpia, fue sinónimo de Adón, siendo Adonai su superlativo; en la relación propiedad-laboral ambos vocablos, Adón y Baal, indistintamente significaban: “propietario”, “amo”, “patrón”, “Jefe”, “dueño”; en la relación matrimonial, Baal también tenía el significado de “esposo” (no “marido” que es Ish) y actualmente Guéber. El problema comenzó cuando los Cananeos dieron nombre a su serie de ídolos locales, esquema toponímico exacto de lo que hoy son los “santos patronos del catolicismo”, siendo precisamente el designativo, como primer nombre el cual acompañó a un segundo nombre como complementario; y así vemos en Las Escrituras y en los diccionarios: Baal-Berít, Baal-Peór, Baal-Tzefón, Baal-Zebúb (el cual originó: Belzebú, Yahshua ha Mashíaj lo reprenda!), etc. El que los Cananitas, que formaron un total de 70 naciones, tomaron precisamente la dicción “Baal”, como base lingüística para cimentar su cultura y religión totalmente paganas, hizo que para nuestro Dueño, Adonai Yahweh, sea tomada definitivamente como blasfemia, puesto que Él, ¡Barúj Hu! (Bendito es Él!), dijo que “...nombres de otros dioses no mencionaréis, ni se oirá de vuestras bocas” (Exodo 23:13). Asimismo, “Nebo” es otro nombre que quedó destituido de la Lashón haKódesh (La lengua apartada y pura), (Numeros 32:38). Adonai y Adonai Yahweh existe en muchos pasajes de Las Escrituras, en arcaicas inscripciones paleográficas, en los Rollos del Mar Muerto (DSS), en otros rollos antiguos como el Elefantino, en el Texto Masorético, etc. pero si existiera Baal-Yahweh o algo así: “Yahweh es Baal” en puro hebraico, cabal así: בּעל, en el supuesto entendido que a Yahweh le da igual que así le llamen, por favor, no duden en hacérmelo saber inmediatamente, envíe un correo electrónico.
Este vocablo “evolucionó” de Baal a Bel, a Kúrios, a Dominus y finalmente a “Señor”.
Y así también como hemos dicho, que Yahweh pasó a ser desplazado directamente por Zeus, Elohím se transmutó a Theo (el cual es derivado de Zeus, ya que es su declinación dativa) y Dios (cuya es la declinación genitiva), Adonai, el título o atributo supletorio que los Yehudim (judíos) usaban y continúan usando para vocalizar el tetragramatón, en su errática y fanática doctrina de la Inefabilidad (Shem Hameforash) (el cual dice que es "blasfemia" pronunciarlo tal como es) lo cambiaron por Kúrios (Baal = Señor) y aún posteriormente lo ridiculizaron comparándolo con Adónis, un dios de cuarta categoría en el panteón griego. Con el paso de los días, meses, años y siglos fue creciendo y multiplicándose este glosario satánico.
A partir de dicciones relevantes, de gran importancia y principal vocación, se fué extendiendo a dicciones menores; Πνέυμα/espíritu sustituye a rúaj/aliento o soplo, Άγιος/sacro/santo cambia a kodesh y kadosh, como hemos dicho y lo reafirmamos, que el griego es un idioma tan pobre que para describir al Ruaj de Elohim, le pusieron parakletos que se traduce como “muleta”, y tantas otras aberraciones, etc.
Así se coronó a base de continuas e intensas represiones, persecusiones, masacres y genocidio, aquella nefasta metamorfosis, la cual mas antes había sido gestada desde un principio por la dinastía greco-egipcia, concretamente con Ptolomeo II Filadelfo quien a una grandísima diferencia de los Antíocos, sin necesidad de utilizar métodos violentos, utilizó la persuación ideológica, utilizando el atractivo de las artes, especialmente seduciendo las mentes con la literatura y la inclinación a la filosofía; Ptolomeo II Filadelfo al inquirir si en su famosa biblioteca de Alejandría ya estaban todas las escrituras de la Sabiduría Humana del Mundo, se percató que le hacían falta las Escrituras Kadoshim de Yahweh Tzevaot y otras literaturas “judaicas”; se inició en su época, la traducción de las Escrituras Hebraicas, que ha venido a conocerse como la gran Obra clásica de la Septuaginta, LXX (Esta narración está detallada en la Epístola de Aristeas), alrededor del año 250 AM. (Antes del Mashíaj).
También el nombre desacertado “Yahvéh”, con todas sus variaciones: Yahveh, Yahvé, Iavé, Jahveh, etc. es la desorientada y despistada manera en que algunos traductores como Nácar y Colunga, le anduvieron cerca al Tetragramatón, con el mismo problema de basarse en el hebreo moderno; es decir tomaron la letra ו como “V, v” y no por su valor original y arcaico, es decir el paleo-hebreo “W”, o sea tal como suena. Esto conduce a un gran error, ya que la dicción “Yahvéh” suena como caso dativo del verbo “existir en hebreo que originó el nombre mal traducido de "Eva": como Javáh; por lo que al masculinizar dicho sustantivo, da por resultado que al pronunciar “Yahvéh” en Evraico, es idéntico como decir “Evo” en Español, es decir “masculinizando el nombre sustantivo Eva”; lo cual es un agravio a Abba Yahweh.
Y de la manera que quieran verlo, siempre va a ser una ofensa contra el Nombre Sagrado de Yahweh.
Miren este ejemplo de conjugación:
Gadol (Grande en masculino) Guedolá (Grande en femenino)
Kadosh (Apartado en masculino) Kedoshá (Apartada en femenino)
Jahov (¿¿¿????) Jehová (¿Será una diosa?)
El errado “nombre” supletorio “Hashem”, ya se hizo muy habitual en muchas comunidades judías, especialmente las jasídicas; Yahweh tiene su propio Nombre y Él no puede ser invocado con nombre de hombre. Hashem solamente significa “El nombre” ¿El nombre de quién?.
Hashem es el nombre de uno de los valientes de David, conforme se le encuentra en 1 Crónicas 11:34 “Benei Hashem Gizoní...” lo que no saben, es que a Hashem Gizonita le hacen avodáh/culto, levantan sus tefilot (oraciones) y aún le cantan. Pero lo cierto es que la restauración debe llegar también para la Casa de Judá.
Un “nombre” es de origen pagano, cuando ha sido creado, implantado y por lo tanto en actual uso, con el estricto objetivo de asociarlo etimológicamente con deidades y entes mitológicos que siempre fueron la fuente expresional de las culturas paganas y religiones idolátricas de los antiguos imperios, perpetuadas en los contemporáneos, todos ellos paladines de la herejía a cual más moralmente corruptos; cultura y religión consagradas a todo tipo de hechicería en tales imperios enemigos, obviamente al Dueño y Soberano del universo, Yahweh es Su Nombre.
Shalom!!
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